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Mis cuentos favoritos. Los siete chivitos y el lobo.

  • rus8384
  • Dec 22, 2025
  • 9 min read

Los cuentos de nuestra tradición oral, un espejo mágico donde vernos por dentro y por fuera.


Querida comunidad, hoy quiero hablaros de algo que llevo tiempo sintiendo en los huesos: que los cuentos de antes, esos que nos contaban las abuelas al amor de la lumbre, no eran solo entretenimiento para niños y niñas. Eran algo mucho más profundo. Eran regalos disfrazados, paquetes brillantes que nuestros ancestros nos dejaron con instrucciones para la vida escondidas entre princesas, lobos y casitas en el bosque.


Cuando descubrí la Cuentoterapia, todo encajó. Es el arte de desenvolver esos regalos y descubrir su medicina. Hoy quiero compartir el poder sanador de un cuento muy nuestro: "Los siete chivitos y el lobo", en la versión preciosa que recopiló Antonio Rodríguez Almodóvar, que es como recuperar un trocito de la tierra que pisamos.


Primera sugerencia en Cuentoterapia: no le quites el sabor amargo.


Antes de nada, tengo que deciros algo importante. En Cuentoterapia, no somos de edulcorar . Y esto es clave en muchas ocasiones.


A veces, con la mejor intención, queremos proteger a los peques (y a nosotros mismos) de lo oscuro. Suavizamos al lobo, hacemos que la bruja no sea tan mala, o incluso (y esto me duele especialmente) obligamos a la princesa a besar al sapo.


Permitidme que sea clara: eso puede ser un error y peligroso.


El sapo del cuento es un sapo. Es frío, es baboso, y la princesa tiene todo el derecho del mundo a sentir rechazo. Obligarla a besarlo "por ser buena" le manda un mensaje terrible: "anula tu asco, ignora tu instinto ,complace aunque te dañe". Es una lección de sumisión disfrazada de bondad.


Con "Los siete chivitos"pasa igual. El lobo debe dar miedo. La cabritilla más pequeña debe temblar escondida en la caja del reloj. La mamá cabra debe enfurecerse y tomar justicia. Esa crudeza, ese "sabor amargo", es precisamente lo que hace el trabajo. Nos prepara para un mundo que, a veces, es complejo y tiene lobos. Si le quitamos el conflicto, le robamos a nuestra psique su gimnasio emocional.


Digamos que no está mal conocer cuentos en los que el lobo o la mala es buena pero es más necesario conocer las versiones tradicionales. En Cuentoterapia recomiendan primero conocer las versiones antiguas y luego las demás.


El poder que mira hacia dentro: todos los personajes viven en ti.


Aquí viene lo más mágico. En Cuentoterapia, trabajamos con el poder intrapsíquico del símbolo. Esto, que suena muy serio, significa algo sencillo y maravilloso: todos los personajes y elementos del cuento también son partes de nosotros mismos.


Pensad en ello:


El Lobo no está solo en el bosque. También vive dentro. Es nuestra sombra, nuestros impulsos más fieros, esa voz interna que a veces nos engaña disfrazándose de algo que no es ("tranquilo, un cigarrillo más no pasa nada", "mañana empiezo la dieta", "mañana me cuidaré también a mí misma"). Es la adversidad interna.


La Mamá cabra (y aquí hago un paréntesis precioso que luego amplío) es nuestro instinto de cuidado y protección. Es la parte adulta, sabia y resiliente que todos y todas llevamos dentro, por mucho que a veces la sintamos lejos.



Los siete chivitos son nuestras distintas "niñas" o "niños" interiores. El tragón, el tontote, el ingenuo, la juguetona, la marginada, el intelectual... y la más pequeña y astuta, que es nuestra intuición pura, nuestra conciencia despierta que sabe cuándo algo huele a peligro y dice "¡aquí me escondo, aquí me salvo!".




La casa con su puerta es nuestro yo, nuestro territorio psicológico. La puerta representa nuestros límites personales, ese borde sagrado entre lo que permito que entre en mi vida y lo que no.


La caja del reloj (símbolo de tiempo, paciencia y refugio en lo pequeño). Cuando hablamos de la cabritilla más pequeña y astuta vemos que no se esconde en cualquier sitio. Se refugia en la caja del reloj de péndulo.Este detalle no es casual. El reloj marca el tiempo, el ritmo, la paciencia. Nos dice que la salvación a veces está en detenerse, en hacerse pequeño, en observar el ritmo de las cosas desde un lugar seguro y oculto. Es el símbolo de la intuición que sabe esperar el momento justo, que se protege en la contemplación silenciosa mientras el caos (el lobo) pasa de largo. Para nuestra psique, es un mensaje claro: en momentos de gran amenaza o confusión, a veces la estrategia más sabia no es luchar, sino retirarse a un refugio interno (nuestra 'caja del reloj'), aquietar la mente y dejar que pase la tormenta. Por eso, entre otras cosas, yo soy amante de la meditación, el yoga y todo lo que me sirva de refugio.


La reparación final está llena de símbolos: la aguja e hilo con los que cose al lobo son el cuidado activo, la paciencia para unir lo roto, puntada a puntada. Las piedras que cose en la panza del lobo no son un castigo vengativo; son la consecuencia natural y tangible de sus actos. Es el peso de la maldad que uno mismo termina cargando. El lobo no es asesinado; es neutralizado por el peso de sus propias acciones y cae al río, que simboliza la purificación y el fluir de la vida que se lleva lo nocivo. La justicia en los cuentos tradicionales es poética, simbólica y profundamente moral.


Al escuchar el cuento, no estamos viendo una película ajena. Estamos viendo una función de nuestro propio teatro interior. Cada escena nos habla de un conflicto interno: la lucha entre el miedo (lobo) y la protección (madre), entre la ingenuidad (cabritillos que abren) y la astucia (la que se esconde). Contárselo a nuestra niña interior es darle un mapa para entenderse a sí misma.


El poder que mira hacia fuera: el lobo también tiene una dirección postal.


Pero el cuento no solo habla de lo que llevamos dentro. Tiene un poder interpsíquico igual de potente: nos ayuda a leer el mundo y nuestras relaciones.


Porque el lobo, la casa y la mamá cabra también están fuera, en cada momento de nuestra vida:


¿Dónde está "el lobo" en tu vida ahora mismo?¿Es una persona que te hace sentir que te "devora" la energía con sus demandas? ¿Es una situación laboral tóxica que "disfraza su voz" para parecer una oportunidad? Identificar al lobo externo es el primer paso para no abrirle la puerta.

¿Cómo están los cimientos de "tu casa"?¿Tienes claros tus límites (tu "puerta") y los defiendes? ¿O dejas que entren vientos que te enfrían el alma?

¿Quién ejerce de "mamá cabra" protectora en tu círculo? ¿Y tú, para quién lo eres? Este cuento nos habla de comunidad, de cuidado mutuo y de trabajo en equipo como veremos.


El cuento nos advierte de que los lobos de la vida real rara vez se presentan con sus fauces abiertas. Son maestros del disfraz. Fijaos en el nivel de detalle de su artimaña: no solo se pone la voz dulce. Cuando eso falla, acude a un molinero para que le blanquee la pata con harina. Este detalle es genial y terrible. Recordad esa voz que me encanta 'tu no eres nuestra mamá que te delata la voz' y 'enseña la patita por debajo de la puertecita'.


El molinero y la harina simbolizan cómo el engaño (el lobo) se aprovecha de lo legítimo, de lo útil e incluso de la bondad ajena para sus fines. La harina es blanca, pura, asociada al pan y la vida. El molinero es un oficio honesto. El lobo los corrompe y los utiliza como herramienta para hacer más creíble su mentira. Nos está diciendo: 'atención, las amenazas no solo te gritarán; también sabrán usar argumentos que parecen lógicos, recursos que parecen inofensivos y personas que parecen fiables para colarse en tu casa'.


Para nuestra vida, es una advertencia importante: 'no todo lo que tiene apariencia de ayuda (la harina blanca) lo es en realidad. A veces, es la capa final de un engaño muy elaborado. Debemos aprender a mirar más allá del primer aspecto, a cuestionar incluso lo que parece bueno si la intención de quien lo porta es sospechosa.'


El cuento se convierte así en una lente de aumento para examinar nuestra realidad. Nos da un lenguaje simbólico, rico y profundo, para nombrar lo que a veces es difícil de explicar con palabras simples.


La mamá "suficientemente buena": la lección de Winnicott con piel de cabra.


Y ahora, ese paréntesis que os prometí. Este cuento ilustra de forma perfecta un concepto precioso del pediatra y psicoanalista Donald Winnicott del que estoy investigando: el de la "madre suficientemente buena".


La mamá cabra del cuento no es perfecta. ¡Menos mal! Se tiene que ir al bosque. Tiene su vida, sus quehaceres. No puede ser una guardiana omnipresente. Pero es suficiente. ¿Por qué?


-Da una regla clara y amorosa:"no abráis a nadie". Establece un límite por seguridad.

-Confía y se va: permite que sus hijos experimenten el mundo (y sus riesgos) en su ausencia. No los sobreprotege en una burbuja.

-Y, lo más importante: VUELVE. Cuando el desastre ocurre, no se hunde en la culpa o el pánico. Repara.

-Siente el dolor (llora la pérdida de sus cabritillos).

-Actúa con decisión (sale a buscar al lobo). Enfrenta la amenaza (lo encuentra y lo desafía).

-Rescata y sana (libera a los cabritillos con sus tijeras, aguja e hilo mágico, los reintegra). Esta imagen de la costura es potentísima: habla de la capacidad de sanar las heridas, de volver a unir lo que se rompió. Todos y todas tenemos esa capacidad.



Esa es la madre interior que el cuento nos invita a cultivar. No una que nunca falla, sino una que, cuando falla la protección (y fallará, porque la vida tiene lobos), tiene los recursos para volver, buscar las piezas rotas y coserlas con paciencia y amor. Es el arquetipo de la resiliencia.


El mensaje final que teje el alma.


La Reparación es un acto COLECTIVO. No es la madre la "heroína salvadora" que todo lo resuelve sola. Es un equipo: la intuición que idea el plan (Chivilín, el más pequeño de los cabritillos), la fuerza y la capacidad de acción que lo ejecuta (madre), y la colaboración de todos (hermanos que buscan piedras). Es un mensaje poderosísimo sobre la curación comunitaria y el trabajo en equipo.


"Esperad, este cuento no ha acabado" es la frase más terapéutica que puede existir en la versión que yo cuento. Es el antídoto contra la desesperanza. Significa: el trauma no es el final. Tras la herida, existe la posibilidad de un nuevo capítulo de justicia y reintegración. Quien lo sabe es la parte más pequeña y sabia de nosotros y nosotras.


Esto nos habla de que nuestra 'niña o niño interior' no es solo una parte vulnerable a proteger. Es también nuestra brújula moral y nuestra reserva de ingenio sanador. Cuando nuestra parte adulta (la mamá cabra) se siente derrotada por un 'lobo' que nos ha devorado la paz, es esa vocecita interna, esa intuición que se refugió a tiempo representada por el chivito pequeño, el más listo Chivilín, la que puede susurrarnos: 'tranquila, este cuento no ha acabado, yo sé qué hacer, confía, busquemos las piedras'.


Así que, queridas/os lectoras/es, cuando contéis "Los siete chivitos y el lobo"(a un peque, a un amigo, o a ti mismo/a en voz baja), recuerda que no estás contando una simple anécdota del bosque.


Estás realizando un acto de alquimia psíquica:


Hacia dentro: estás ordenando tu caos interno, dando un rol y un nombre a tus miedos, tu intuición y tu capacidad de repararte.

Hacia fuera: estás afilando tu mirada para reconocer los lobos con piel de cordero en tu camino y fortaleciendo los muros de tu casa.

Y en el fondo: estás abrazando la liberadora idea de que no hace falta ser perfecto. Basta con ser suficientemente bueno, como la mamá cabra, para enfrentar los lobos, rescatar lo que se perdió y seguir cantando, con todos los cabritillos a salvo, dentro del corazón.


Los ancestros no nos dejaron estos cuentos para dormirnos. Nos los dejaron para despertarnos.


Ahora otra gran pregunta ¿Y esto se lo cuento a los peques? NO, esto es información para la mente adulta y racional, para que sepamos desde este lugar también la profundidad del cuento.


Los peques están en otra fase del desarrollo que ha de ser respetada y disfrutada. Algunos en lo sensoriomotor. Son los peques de 0 a 2 años. Para ellos/as se pueden contar versiones del cuento más sencillas y cortas que involucren ritmo, tacto, movimiento...Son todos los cuentos que tenemos en la Bebeteca. Otros peques están en la fase preoperacional. Son los peques de 2 a 7 años. Con ellos/as podemos ir intuyendo cuándo introducir este cuento. A partir de los 5 años esta versión se puede contar con tranquilidad y observar confiando en que la van a pedir y recibir cuando estén preparados/as para ello. A mí me encanta dejarme guiar por esto y los peques te lo van mostrando.


Aunque no les contemos esta parte más racional los peques van asimilando toda esta riqueza simbólica desde el lugar que les toca y que es precioso y necesario.


Por último invitarte a que cuando cuentes el cuento disfrutes tú también y valores la riqueza de lo que transmites.


Deseo que sea un nexo de unión y fortalecimiento del vínculo entre las personas adultas y las peques, un momento mágico que os permita entrar en este sagrado legado ancestral. Seamos guardianas/es de la infancia y de la tradicional oral.


Por aquí os dejo el cuento que he grabado para que lo conozcáis de primera mano y os animéis a buscarlo y contarlo.



'En lo pequeño está lo grande y en lo grande está lo pequeño. No lo olvides'.


Con cariño,


Rus.

 
 
 

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