Canciones de invierno
- rus8384
- Jan 19
- 4 min read
Queridas familias:
El invierno en la Bebeteca tiene banda sonora. Es la de trenes que paran, reyes blancos que llegan y narices coloradas. Hoy quiero compartir con vosotras las tres canciones con las que estamos habitando esta estación, y el profundo mensaje que guardan para grandes y pequeños.
Este es el tercer capítulo de nuestro Cancionero de la Bebeteca 2025-2026, un proyecto para vivir el año con ritmo, música y sentido.
Incluyo tres canciones que pintan nuestro invierno.
Cada una nos regala una puerta distinta para asomarnos a la estación:
1. "Al tren de las estaciones" – La puerta del juego y la transición.
"Al tren de las estaciones, vamos a jugar, y en el invierno nos vamos a parar ¡Chuucuchucú!"
Esta canción es un viaje. Nos recuerda que el tiempo es cíclico, que una estación lleva a la otra, y que ahora es el turno de parar el "chuucuchucú". Es el sonido del motor que se calma. Habla de lo concreto del invierno: el frío, el abrigo, la sopita caliente, la vitamina de la naranjita. Es invierno en acción: nos abrigamos, nos nutrimos, nos cuidamos.
2. "Ya está aquí, el rey del invierno" (Waldorf) – La puerta del asombro y el símbolo.
"Ya está aquí, ya llegó, es el rey del invierno, su capa blanca veo ya desde mi ventana..."
Esta canción es poesía pura. Transforma el frío y la nieve en la majestuosa capa de un rey. Nos invita a observar: los árboles desnudos, el viento incansable, el frío en la nariz. No habla de combatir el invierno, sino de presenciar su llegada con respeto. Introduce a los más pequeños en el lenguaje simbólico, donde la naturaleza tiene alma y personalidad.
3. "Con la nariz colorada" (popular) – La puerta del cuerpo y la experiencia.
"Con la nariz colorada y bufanda de colores, paseo por las calles dando tiritones..."
Esta canción es pura sensación. Nos mete en el cuerpo del niño: la nariz que se enrojece, las manos que se hielan, el sol escondido, el viento que silba. El gesto de "frotar, frotar mis manitas"es un acto de autocuidado instintivo y amoroso. Es la canción de la resiliencia corporal: hace frío, sí, pero yo sigo aquí, paseando, sintiendo y tomando medidas para estar bien.
Juntas, estas tres canciones crean un círculo completo: nos sitúan en el ciclo (1), nos enseñan a mirar con asombro (2) y nos ayudan a habitar nuestro cuerpo con sensibilidad (3).
El trabajo invisible: lo que la tierra hace por debajo.
El invierno nos enseña una verdad hermosa y esencial: lo más importante a veces ocurre en lo que no se ve. Mientras la superficie parece dormida, bajo la tierra helada hay un trabajo callado y poderoso. Las raíces se afianzan, la semilla descansa y acumula fuerza, la tierra se reorganiza en la oscuridad.
Este descanso activo no es tiempo perdido. Es el tiempo de la gestación. Es la promesa de que, para que algo florezca en primavera, primero necesita este reposo invernal. Es una lección de paciencia y confianza en los procesos que no son inmediatamente visibles.

El regalo del invierno para las personas adultas: el fractal del copo de nieve.
Este mismo principio nos habla a nosotras, las personas adultas. El invierno interior —esos momentos de quietud, de recogimiento, incluso de cansancio— no es un parón, sino un trabajo de raíz. Como la tierra, a veces necesitamos un período en el que lo visible sea escaso para que lo esencial se reordene.
Y en esa quietud, surge la imagen del copo de nieve. Cada copo es una obra de arte irrepetible, un fractal de hielo que se cristaliza alrededor de una partícula minúscula. Podemos imaginar esa partícula como una emoción intensa, un cansancio o un dolor. En la quietud invernal, ese sentimiento puede cristalizarse: volverse visible, con una forma compleja y bella.
Te invito a esta pequeña meditación, cuando necesites un momento de calma:
"Aquel dolor o aquel enfado es la partícula en el centro de mi copo. En lugar de negarlo o resistirme a él, lo observo. Le permito congelarse, tomar su forma única en el silencio. 'Lo que me daña se congela en este copo. En su geometría perfecta y única, encuentro mi poder para soltarlo y dejar que la luz lo atraviese'."
El copo no es eterno. Se derrite. Pero su belleza es real, y su agua nutre la tierra. Así es nuestro trabajo interno en invierno: acoger, transformar y soltar, confiando en el trabajo subterráneo de nuestro ser.
Este es solo el principio: el tren sigue su viaje.
Cuando el Rey del Invierno pliegue su capa, el tren de las estaciones volverá a ponerse en marcha. Llegará la primavera con sus cantos a los pájaros, el verano con sus himnos al sol, y el otoño con sus rondas de cosecha.
Os espero en la Bebeteca para cantar juntas al frío, al rey blanco y a las narices coloradas. También os animo a que estas canciones viajen a vuestros hogares. Cantadlas mientras os abrigáis, observad el cielo invernal desde vuestra ventana, frotaos las manos con vuestros peques.
Porque criar con conciencia de los ciclos es regalarles un arraigo profundo en un mundo lleno de belleza, descanso y sentido.
Con cariño,
Rus.
PD: podéis escuchar mi grabación de estas tres canciones. Tanto en esta entrada como en la del cancionero general de este curso 2025-2026. Para que el invierno de la Bebeteca suene también en vuestra casa.




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