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Mis cuentos favoritos. Las gallinas ponedoras. Relación con Los siete hábitos de las personas altamente efectivas.

  • Dec 2, 2025
  • 3 min read

Cuando solo importan los huevos: lo que un cuento triste nos enseña sobre quemarnos.


Hoy quiero hablaros de dos cosas que, en principio, no tienen nada que ver: un cuento que me ha dejado un nudo en el estómago y una idea de un libro de autoayuda que suena muy serio. Pero juntas, explican mucho de lo que nos pasa cuando sentimos que la vida nos come.


El cuento se llama "Las gallinas ponedoras", de Lucía Marín. No es la típica fábula del huevo de oro. Es más duro y más real. Habla de unas gallinas que viven en una granja donde solo importa una cosa: poner huevos. Cuantos más, mejor. Su valor, su razón de ser, su 'todo', se mide por esa única función. Poco a poco, dejan de ser gallinas para convertirse en máquinas de producir, vacías por dentro, atrapadas en una jaula de rutina y exigencias. Es una metáfora brutal de la explotación, de cómo un sistema puede despojarnos de todo lo que somos para quedarse solo con lo que 'producimos'.



Por otro lado, está Stephen Covey y su famoso libro "Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas". Uno de sus conceptos más potentes es el del 'equilibrio'. Él lo explica con una imagen genial: imagina que tienes una gallina que pone huevos de oro (la producción, los resultados). Pero si te obsesionas con los huevos y descuidas a la gallina (su alimento, su salud, su bienestar), al final la gallina se muere… y te quedas sin huevos. La clave, dice Covey, es cuidar tanto 'a producción' (los huevos) como 'la capacidad de producir' (la gallina). Suena de sentido común, ¿verdad?.


Pues el cuento de Lucía Marín es justo lo contrario: es el retrato de lo que pasa cuando ese equilibrio se rompe por completo y solo importan los huevos.



Esto nos toca de lleno. Todas tenemos nuestra propia 'gallina interior'. Es nuestra energía, nuestra salud, nuestra ilusión, nuestra creatividad, nuestras ganas. Y también tenemos nuestros 'huevos de oro': el trabajo que entregamos, las tareas de casa, los cuidados a la familia, los proyectos...


El problema llega cuando la vida (o nosotros/nosotras mismas) nos exige 'solo huevos, más huevos, más rápido'. Nos convertimos en nuestra propia granja explotadora. Nos medimos por lo que producimos: '¿Cuánto he hecho hoy?', '¿He sido productiva?'. Y descuidamos por completo a la gallina: no paramos, no descansamos de verdad, no hacemos cosas que nos nutran sin un objetivo, no escuchamos nuestras propias señales de agotamiento.


Al final, pasa lo que en el cuento: la gallina se apaga. Y eso tiene otro nombre: 'burnout, ansiedad, sentir que no das para más, perder la chispa'.


La lección que saco uniendo estas dos lecturas no es solo para managers o empresas (que también). Es sobre todo para nosotras/nosotros en el día a día:


En el trabajo: ¿Somos personas o 'recursos productivos'? ¿Hay espacio para el mal día, para aprender, para no ser máquinas?

En lo personal: ¿Nos permitimos tiempo que no sea 'útil'? ¿O cada hobby debe convertirse en un proyecto? ¿Sabemos parar sin culpa?

Con los demás:¿Vemos a los que nos rodean como "gallinas ponedoras" de lo que necesitamos (compañía, ayuda, atención...) o los cuidamos también a ellos/ellas como seres completos?


La pregunta incómoda que me quedó es:¿En qué momento de mi vida estoy siendo la gallina, exhausta en su jaula? ¿Y en qué momento, sin querer, soy el granjero que exige huevos a los demás sin ver a la persona?


Cuidar a la gallina no es ser vago o irresponsable. Al contrario, es la única forma de ser sostenible, de poder seguir dando huevos de oro (que sean buenos) durante mucho, mucho tiempo. Es parar para reponer fuerzas. Es decir 'hoy no' sin culpa. Es hacer algo solo porque te gusta.


Por aquí os dejo el cuento. Está disponible en la Biblioteca Pública del Estado de Albacete.




¿Tú cómo cuidas a tu gallina? ¿Y aquello que dejas en el mundo?¿Tienes equilibrio entre producción y cuidado?


Rus.

 
 
 

1 Comment


Raquel Lumbreras
Raquel Lumbreras
Dec 02, 2025

Cómo me ha resonado esta entrada y cuántas ganas me ha dado de leer este cuento.

Somos valiosas solo por existir, somos merecedoras de amor haga lo que hagamos.

Deshacernos de la exigencia e interiorizar la compresión en la edad adulta es un trabajazo así que ojalá cuidaramos más la luz natural de la infancia para que crecieran con otro lenguaje interno.

Gracias por compartir las lecturas y tus reflexiones.

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