Canciones para identificar emociones
- Mar 9
- 7 min read
Las emociones nos dan poder: un paseo por lo que sentimos (con Leslie Greenberg de la mano).
Queridas familias:
En la bebeteca y en el club de lectura cantamos. Cantamos mucho. Hay dos estribillos que se repiten, que las criaturas ya saben de memoria y que a mí me llegan más cada vez:
"Mi corazón es como una casita, muchas emociones guardo en una cajita. Hay alegría, enojo, miedo y tranquilidad, y la tristeza poco a poco se va..."
"Con las emociones he de convivir, es muy importante dejarlas fluir. Y con experiencia las dejo salir, y si las comparto puedo ser más feliz".
Las cantamos y ellas bailan, señalan, nombran. Pero mientras tanto, yo siempre añado una frase que se ha convertido en un lema:
"Las emociones nos dan poder".
¿Por qué? Porque nos ayudan a conocernos. Porque nos hablan de lo que necesitamos. Porque nos guían. El problema es que no siempre sabemos escucharlas y comprender sus mensajes. También a veces, las que creemos sentir son en realidad otras, disfrazadas.
Hoy quiero compartir con vosotras una forma de mirarlas que me ayuda mucho. Viene de Leslie Greenberg, un psicólogo que dedicó su vida a estudiar las emociones. Yo lo descubrí en un curso de inteligencia emocional.
Lo primero: las emociones nos avisan.
Greenberg dice que las emociones tienen funciones. No están ahí para fastidiarnos, sino para decirnos algo importante:
- Son una señal para nosotras mismas: algo está pasando.
- Nos preparan para la acción: el miedo nos hace huir, la rabia nos hace defender.
- Vigilan nuestras relaciones: la tristeza nos dice que hemos perdido algo valioso, la alegría que estamos conectadas.
- Evalúan si las cosas van bien o mal.
- Sirven de señal a los demás: cuando lloramos, pedimos ayuda; cuando sonreímos, invitamos.
Pero no todas las emociones son iguales. Algunas vienen sin enmascarar y directas. Otras vienen disfrazadas. Y otras las usamos sin querer para conseguir algo.
Vamos a ver algunas:
Emociones primarias: las que vienen sin máscaras.
Son las que surgen automáticas, genuinas, de dentro. Son universales. Las sentimos todas, en todas las culturas. Llegan y se van con rapidez si las escuchamos. Son saludables y muy valiosas. Convivir con ellas (como dice la canción) es esencial para nuestra salud.
Alegría.
- En una adulta: cuando ves a una amiga que hace meses que no ves y sientes ese calor por dentro, ganas de reíros, de contaros todo. Te dice: "esta conexión es buena, quédate aquí".
- En una criatura: cuando corre hacia ti al recogerla del cole y se te cuelga del cuello. Su cuerpo dice: "contigo estoy a salvo, te he echado de menos".
Tristeza.
- En una adulta: cuando pierdes a alguien o algo importante y sientes ese peso en el pecho, ganas de parar, de llorar. Te dice: "necesitas consuelo, necesitas tiempo".
- En una criatura: cuando se le rompe su juguete favorito y llora. No es rabieta, es pérdida. Necesita que acompañes ese dolor.
Miedo.
- En una adulta: cuando vas de noche por la calle y oyes pasos detrás. El cuerpo se tensa. Te dice: "peligro, protégete".
- En una criatura: cuando tiene pesadillas y aparece en tu cama temblando. Necesita seguridad, cobijo.
Rabia.
- En una adulta: cuando alguien te falta al respeto y sientes fuego por dentro. Te dice: "han violado tus límites, defiéndete".
- En una criatura: cuando le quitas un juguete con el que aún jugaba y pega, grita.
No es "mala", es rabia diciendo "eso era mío, no es justo".
Asco.
- En una adulta: cuando hueles algo podrido y te apartas. Te dice: "esto te daña, aléjate".
- En una criatura: cuando prueba algo que no le gusta y escupe, gira la cara. Su cuerpo dice "esto no me sienta bien".
Sorpresa.
- En una adulta: cuando te dan una noticia inesperada y te quedas sin palabras. Te dice: "algo nuevo ocurre, atiende".
- En una criatura: cuando ve caer la nieve por primera vez y se queda con la boca abierta. Está absorbiendo el mundo.
La clave: las emociones primarias siempre merecen ser escuchadas. Son como un termómetro interno que nos dice lo que necesitamos.
Pero ojo: a veces las primarias no son sanas.
Greenberg añade una distinción importante. Dentro de las primarias, hay adaptativas y desadaptativas.
Emoción primaria adaptativa.
Es la que acabamos de ver. Llega, avisa, se va. Es sana. Ejemplo: sientes tristeza porque un ser querido se ha ido. Esa tristeza te ayuda a procesar, a pedir consuelo, a parar.
Emoción primaria desadaptativa.
Sigue siendo primaria, sigue siendo genuina, pero no es sana. Se basa en aprendizajes pasados y puede durar mucho tiempo, aunque la causa que la originó ya no esté. Se queda anclada.
- En una adulta: una tristeza profunda que se arrastra durante años, que ya no te deja vivir. O una mujer a la que le hacen una caricia en la mano y se altera exageradamente. No es la caricia, es su historia: de pequeña fue violada. Su miedo es primario, pero ya no es adaptativo para el presente.
- En una criatura: un niño que vivió una separación traumática y desde entonces, cada vez que su madre sale, siente un miedo intenso, llora, se agarra. Ese miedo fue adaptativo en su momento (necesitaba asegurarse de que no la perdía), pero si se cronifica y no le permite confiar, se vuelve desadaptativo.
La clave: las emociones desadaptativas necesitan ser miradas con ternura, pero también con conciencia. No desaparecen solo con validarlas. A veces necesitan tiempo, comprensión y ayuda profesional para transformarlas.
Emociones secundarias: las que tapan a las primarias.
Son las que vienen después de otra emoción. Aparecen cuando la primaria no se percibe, se oculta o no es aceptada. Son como una máscara. Ocultas lo que realmente sientes. Suelen tapar las que nos resultan problemáticas y queremos eliminar. Pero si no miramos debajo no llegamos a la necesidad real.
- En una adulta: un hombre educado en "los niños no lloran" nota que su pareja se aleja. Lo adaptativo sería sentir tristeza ante esa pérdida. Pero como no se permite estar triste, le produce enfado y se cabrea. La rabia es secundaria. Debajo hay tristeza.
- En una adulta: esa madre que explota con su pareja por una tontería y grita "¡Siempre tengo que pensar yo todo!". Debajo hay agotamiento, soledad, necesidad de que la cuiden. La rabia tapa la tristeza.
- En una criatura: un niño al que no le han dejado jugar en un cumple y cuando su madre llega le grita "¡Te odio!". Debajo del odio hay tristeza, decepción, ganas de llorar. La rabia es la máscara.
- En una criatura: una niña a la que quitan el columpio y no dice nada, se aparta. Pero luego, en casa, explota con su hermano por nada o poco. En el parque sintió rabia, pero tuvo miedo a enfrentarse. La rabia contenida sale después, desplazada.
Un ejemplo para escuchar con otra canción.
¿Conocéis la canción "Valiente" de Vetusta Morla?
Cuenta la historia de alguien que está en un escenario, interpretando un papel. Se pone "el mejor chaqué", dice lo que no siente, hace lo que no quiere. Y en un momento dice algo que me pone la piel de gallina:
"A veces no soy yo / Busco un disfraz mejor"
Eso es una emoción secundaria cantada.
Alguien que ha aprendido a tapar lo que realmente siente (quizás miedo, quizás tristeza) con una máscara de fortaleza o indiferencia. Y al final pide: "Deme la voz, apuntador". Porque ya no sabe cuál es su propia voz. Necesita que alguien le diga qué decir.
La clave: cuando veas una emoción muy intensa o desproporcionada, pregúntate: ¿qué habrá debajo? ¿Qué emoción primaria está tapando?
Emociones instrumentales: las que usamos para conseguir algo.
Son las que se expresan consciente o automáticamente para conseguir una meta. Las aprendemos porque nos dan beneficios. No solemos ser conscientes de haberlas aprendido. ¿Crees qué son saludables? Si se usan con frecuencia, pueden provocar que las personas se alejen o no se sientan a gusto.
No es manipulación con malicia (en las criaturas pequeñas no hay intención de engañar). Es aprendizaje. Han visto que esa emoción funciona, y la repiten.
- En una adulta: esa persona que en su familia siempre ha conseguido atención cuando estaba mal. De adulta, sin querer, cada vez que necesita cariño, aparece un dolor, una queja, un "estoy fatal". No lo finge, pero ha aprendido que esa es la vía.
- En una criatura: el niño que solo recibe atención plena de su madre cuando hace una rabieta enorme. Cuando juega tranquilo, ella está con el móvil. Él aprende: "para que mamá me mire de verdad, tengo que liarla parda".
- En una criatura: aprende que si llora en la tienda hasta que le compran lo que quiere funciona. No es que no sienta, pero ha aprendido que ese llanto funciona.
La clave: detrás de una emoción instrumental también hay una necesidad real. Pero la forma de pedirla puede no ser la más sana. Nuestro trabajo es ayudar a encontrar otras formas de pedir lo que necesitan.
Entonces, ¿qué hacemos con todo esto?
Greenberg propone un proceso para trabajar con las emociones. Te lo traduzco a lenguaje de andar por casa:
1. Date cuenta de lo que sientes. Para, escúchate.
2. Dale la bienvenida. No la juzgues, no la eches. Está ahí por algo.
3. Ponle nombre. "Esto es rabia", "esto es miedo", "esto es tristeza".
4. Pregúntate: ¿Esto es primario o es una máscara? ¿Es adaptativo (me ayuda) o desadaptativo (me bloquea)?
5. Busca qué hay detrás. Si es secundaria, ¿qué emoción está tapando? Si es instrumental, ¿qué necesidad real hay?
6. Elige qué hacer. Las emociones nos dan información, pero no tienen por qué dictar nuestras acciones. Podemos sentir rabia y elegir responder sin agredir a la otra persona. Podemos sentir miedo y elegir pedir ayuda.
Para cerrar: las emociones nos guían, si las escuchamos y nos obedecemos.
Volvemos a nuestro lema: las emociones nos dan poder. Nos dan autoconciencia, nos hablan de necesidades, nos guían.
Esto va de mirarnos sin juicio, de preguntarnos: ¿qué emoción estoy tapando? ¿Cuál viene de mi historia y ya no toca? ¿Dónde necesito ayuda para desbloquearme?
Con cariño.
Rus.




Comments