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Mis cuentos favoritos. El buscador

Mar 16
4 min read

Diez invitaciones para vivir (y criar) con más conciencia y menos presión.


Queridas familias:


Últimamente me ronda una pregunta: ¿De qué está hecha nuestra vida realmente?


No me refiero a lo que hacemos, sino a lo que vivimos. A lo que recordaremos, a lo que nos transforma, a lo que suma en esa libreta invisible de la que habla Jorge Bucay en su cuento "El buscador".


Os lo dejo por aquí.



En este cuento, cada persona anota los momentos que disfruta de verdad. Al morir, solo se escribe en su tumba el tiempo total de esos momentos. El resto, pasa.


Pero yo creo que hay más. También suma lo que aprendemos, lo que atravesamos con conciencia, las equivocaciones que nos hacen crecer. No solo el gozo, también la presencia.


Hoy quiero compartir con vosotras diez invitaciones para vivir con más conciencia, menos presión. Con la mirada puesta en aspectos importantes. No son normas, no son exigencias. Son pequeños recordatorios para cuando la vida va demasiado rápido.


1. Baja la autoexigencia un escalón.


Esa voz que te dice que tendrías que hacer más, llegar mejor, estar más presente... no es tu amiga. La autoexigencia nos roba el disfrute y nos desconecta de lo que estamos viviendo.


Una casa menos ordenada y una tarde más de juego suma más a la libreta que una casa impoluta con una madre o un padre agotado y ausente.


Pregúntate: ¿Esto que me exijo es realista? ¿Se lo pediría a una amiga?


2. Acepta que no todos los momentos son para disfrutar.


Hay días difíciles, rabietas, agotamiento, discusiones. Eso también es la crianza. Intenta reducir la culpabilidad por no estar disfrutando.


Pregúntate: ¿Qué puedo aprender de esto? ¿Qué me está diciendo esta dificultad sobre mí, sobre lo que necesito?


3. Crea pequeños rituales de presencia.


No hace falta irse de viaje o planear actividades increíbles. El disfrute suele estar en lo pequeño: el desayuno sin prisa un sábado, el paseo al cole cogidos de la mano, el cuento antes de dormir sin mirar el móvil.


Pregúntate: ¿Qué momento de hoy puedo vivir con más plenitud?



4. Pon límites al estrés externo.


Mira la agenda. La tuya y la de tus criaturas. ¿Hay espacio para no hacer nada? ¿Hay espacio para el aburrimiento?


El estrés crónico mata el disfrute. También enferma. Lo vemos en adultas y también en criaturas que somatizan con dolores, vómitos, insomnio...


Simplificar es un acto de valentía y de amor.


Pregúntate: ¿Qué puedo quitar de la agenda para vivir más tranquila?



5. Conéctate con lo que te gusta a ti (fuera de la crianza).


Una madre o padre que se abandona a sí mismo termina vacío. Desde el vacío no se sostiene nada.


Mantén viva tu propia vida: tus amistades, tus aficiones, tus sueños. Eso también es un regalo para tus hijos. Les muestras que la vida no se acaba cuando se es madre o padre.


Pregúntate: ¿Qué he dejado de hacer por mí que puedo retomar, aunque sea un ratito?


6. Observa dónde pones el foco.


No es lo mismo quejarse desde la víctima que desahogarse para soltar.


- La queja instalada se repite en bucle, no lleva a ninguna acción, nos atrapa.


- El desahogo libera, nos permite soltar y luego seguir.


Ambos son humanos. El problema es cuando nos instalamos en la queja y dejamos de preguntarnos qué podemos cambiar.


Pregúntate: ¿Estoy en la queja que bloquea o en el desahogo que libera?


7. Practica la gratitud y el aprendizaje cada día.


En un taller de Cuentoterapia, Francisco Jorquera nos enseñó un ejercicio maravilloso. Cada noche, en familia o a solas, comparte:


- Tres cosas por las que me siento agradecida hoy.


- Tres cosas de las que puedo aprender (esas que no me hacen sentir agradecida, pero de las que saco algo).


Entrena la mirada. En familia puede ser un momento de conexión bonito.


Pregúntate: ¿Qué tres cosas me llevo de hoy?



8. Date permiso para decir "no" y para pedir ayuda.


No puedes con todo. Nadie puede. Decir "no" a veces es decir "sí" a lo que realmente importa. Y pedir ayuda no es debilidad, es sabiduría.


Pregúntate: ¿A qué necesito decir "no" para poder decir "sí" a lo que de verdad quiero?


9. Recuerda que las etapas pasan.


Cuando estés en medio del caos, del agotamiento, de la rabieta veinte, respira y recuérdate: esto también pasará.


Y cuando pase, quizás eches de menos hasta el caos. No para vivirlo con culpa, sino para no desperdiciarlo del todo.


Pregúntate: si miro atrás dentro de diez años, ¿qué de hoy voy a recordar con cariño?


10. No compares tu día a día con el resumen de otros.


Las redes sociales muestran fotos bonitas, no las tardes de llanto, las facturas, el cansancio. Tu vida real es perfecta. Tampoco te compares con otras amigas, cada una es única y tiene su manera de vivir.


Pregúntate: ¿Estoy viviendo mi vida o la vida que creo que debería tener o la que dictan otras personas?


Para ir cerrando.


La libreta de la que habla Bucay no la llenas solo con los grandes momentos. La llenas con los pequeños, con los difíciles de los que aprendiste, con los ordinarios que viviste con presencia. También con los días de queja de los que supiste salir.


Todo eso suma. Lo que no suma es lo que haces sin pararte a mirarte con cariño y comprensión.


Así que te dejo con esta invitación:


¿Qué vas a anotar hoy en tu libreta?


Por último, como despedida, una confesión.


A veces, cuando me siento a escribir, me asalta una pregunta: ¿Quién soy yo para estar aquí, compartiendo reflexiones, ofreciendo invitaciones, como si tuviera respuestas?


Porque no las tengo.


Soy una persona que se equivoca. Mucho. Que algunos días cría con paciencia y otros días explota y luego pide perdón. Que a veces practica lo que escribe y otras veces lo olvida por completo. Que tiene sus propios nudos, sus propias contradicciones, sus propios días de "no puedo más".


A la vez, me encanta escribir y contar cuentos, compartir mis sesiones. Me encanta aprender. Me encanta pensar en voz alta sobre estas cosas y compartirlo con quien quiera leerlo.


Así que si algo de lo que digo te resuena, te sirve, te hace reflexionar, me alegra profundamente. Y si no, también. Y si tú tienes algo que compartir, algo que te ha funcionado, algo que te hubiera gustado leer, estaré encantada de escucharte.


Porque esto no va de tener razón. Va de caminar e ir sumando.



Con cariño.


Rus.

 
 
 

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