Mis cuentos favoritos. La joya interior
- rus8384
- Dec 29, 2025
- 7 min read
El cuento que nos recuerda lo que ya llevamos dentro (y cómo protegerlo en la infancia).
Querida comunidad, hoy quiero hablaros de un cuento que, como educadora y cuentoterapeuta, tengo siempre cerca. Es "La Joya Interior" de Anna Llenas. Seguro que lo habéis visto en la biblioteca; si no os invito a sacarlo.
No es solo una historia bonita. Para mí, es un espejo para las personas adultas y una guía para acompañar a los niños y niñas. Porque habla de algo que a todas nos pasa: a veces, sin darnos cuenta, dejamos de lado lo que realmente somos para encajar, para ser aceptadas o sentirnos amadas.
En esta entrada, primero veremos qué nos dice este cuento a las personas adultas, sobre nuestro propio viaje. Luego, hablaremos de cómo esta mirada nos ayuda a ser mejores acompañantes para los peques, para que ellos sí puedan conservar su brillo especial desde el principio.
Si en la entrada anterior hablábamos de proteger nuestros límites (como la puerta de la casa en Los siete chivitos) este cuento va un paso más adentro. Nos habla de proteger nuestro núcleo más preciado, nuestra esencia. Una cosa lleva a la otra, para guardar bien la casa, primero tenemos que saber qué tesoro único guardamos dentro.
PRIMERA PARTE: EL TRABAJO INTERIOR DE LA PERSONA ADULTA (EL VIAJE DE IDA Y VUELTA)
¿Te acuerdas de tu joya?
El cuento empieza con una imagen preciosa: un bebé que lleva dentro una joya brillante. Eso somos al nacer: pura esencia. Esa joya es nuestra curiosidad, lo que nos hace únicos, lo que nos sale natural y con alegría. ¿Te acuerdas de qué te encantaba hacer de pequeño? ¿Qué es aquello con lo que no te das cuenta de que pasa el tiempo?

El momento en que la escondimos.
Pero la historia da un giro. Al crecer, a veces los demás (o nosotros mismos) empezamos a decirnos "eso no está bien", "así no se hace", "deja de soñar". Y por miedo a que no nos quieran, o a ser diferentes, hacemos algo tremendo: no nos roban la joya. La entregamos nosotros, en una bandeja de plata. La cambiamos por ser "normales", por encajar.
La tapamos con capas: la capa del "soy demasiado", la del "no soy suficiente", la del "tengo que gustar a todos"...
La consecuencia: el vacío interior.
Entonces pasa lo inevitable: nos desconectamos. Como la niña del cuento, nos miramos al espejo y no nos reconocemos. Sentimos que nos falta algo aunque todo parezca estar en su sitio. Es esa sensación de vacío, de no saber muy bien quiénes somos.
La buena noticia: la joya sigue ahí. Anna Llenas lo deja claro, la joya no desaparece. Solo está enterrada, esperando. Recuperarla es un viaje de valentía. No es fácil. La propuesta del cuento es:
1. Reconocer que algo falla: escuchar esa sensación de vacío. Es la alarma de nuestra esencia, no un defecto.
2. Bucear hacia dentro con coraje: parar y mirarnos con cariño. Preguntarnos ¿Dónde, cuándo, entregué mi joya en bandeja?¿Qué miedos me llevaron a hacerlo? ¿Y actualmente?¿Cuándo me la robaron o la entregué de manera más sutil?
3. Buscar la ayuda que necesitemos: a veces, para desenterrar nuestra joya, necesitamos una herramienta o un compañero de viaje que nos sostenga. Puede ser la escritura, el arte, un buen amigo que escucha sin juzgar, o el apoyo de una persona profesional (un terapeuta, un taller). No es debilidad; es sabiduría.
Recuperar la joya no es encontrar algo nuevo. Es redescubrir los tesoros que siempre llevamos dentro: nuestra creatividad, nuestra sensibilidad, nuestra risa auténtica...Es el viaje de vuelta a casa, a nosotros mismos.
SEGUNDA PARTE: CÓMO ACOMPAÑAR SIN ROBAR EL BRILLO (DE ADULTOS A PEQUES).
De tu viaje, nace una mirada nueva.
Cuando empezamos a bucear para recuperar nuestra propia joya, algo mágico pasa: miramos a las niñas y niños de otra manera. Dejamos de ver en ellos lo que "deberían ser" y empezamos a ver lo que "son". Evitamos convertirnos, sin querer, en ese "ladrón" que quiere cambiar su brillo único por uno que a nosotros nos parece mejor.
Nuestro nuevo papel: ser el espejo que refleja (no el que distorsiona).
En el cuento, la niña recupera su joya cuando se siente vista y aceptada. Ese es nuestro trabajo como acompañantes.
Ver su joya y diferenciarla de la nuestra: observar. ¿Qué hace que el niño/a se olvide del tiempo? ¿Con qué juega una y otra vez? ¿Cuándo su cara brilla de verdad? Puede ser algo que se le dé bien o no pero casi siempre es algo con lo que disfruta. Eso es un destello de su joya. Nuestra tarea es nombrarlo:"Veo que te encanta construir", "Pones mucho detalle observando hormigas", "Pones tu corazón grande para consolar".
Validar, no juzgar: aceptar que su joya puede ser diferente a la nuestra, o a la que esperábamos. Que sea un "brillo tranquilo" y no un "foco cegador" está bien. Todas las joyas valen, lo importante es apreciarlas, activar esa mirada amorosa por nuestra parte.
Podéis estar atentas también a eso que os incomoda. Muchas veces es aquello que no se os permitió o no te permites y esconde algún talento oculto tuyo también. Por ejemplo, mi hijo tiene talento para expresar lo que siente y piensa de manera firme y con contundencia. Para mí era bastante incómodo porque acepté ser la niña buena sin llevar la contra. Permitiendo que su joya aflore la mía también va asomando.
Crear un suelo fértil, no una vitrina: la joya de una niña/o crece con juego libre, exploración y aburrimiento creativo. No con actividades dirigidas para "mejorarlo". También puede ser que los peques se sientan atraídos por una actividad concreta dirigida o no dirigida. En mis talleres de la biblioteca, por ejemplo, prefiero ofrecer materiales y una consigna abierta, y luego observar cómo cada cual crea su propio camino. La intención es respetar la joya de los peques.
Es importante mencionar que puede ser algo sencillo y cotidiano, la joya se expresa de múltiples formas. Hay personas que no ven al genio detrás de lo liviano o pequeño. ¿Por qué no valorar que a mi hija se le de bien dibujar dinosaurios? ¿Por qué no propiciar que mi hija respete y cuide animales aunque en mi casa hayamos decidido no tener?
La misión más importante: proteger la bandeja con su 💎 💍.

Si nosotros entregamos nuestra joya por miedo al rechazo, ahora podemos entender lo crucial que es nunca pedirle a un niño/a que ponga su joya en una bandeja para ser querido. Eso significa:
Quererle por lo que es, no por sus logros.
Dejarle expresar sus emociones (tristeza, enfado) sin que sea "malo".
Defender su ritmo y su manera de ser, aunque no sea la más popular o sí lo sea.
Al hacer esto, le estamos dando el mensaje más poderoso: "Eres suficiente tal como eres. Tu joya es perfecta. No hace falta que la cambies".
Es importante observar que la joya no es una afición, la joya no cambia pero sí los caminos que va señalando. Por ejemplo, a mi pareja de pequeño su joya le llevaba a aprender sobre coches. Hoy día le encantan las bicis, arreglarlas y conducirlas. Su familia permitió y preparó el camino para que él brillara con esto comprándole cromos de coches. Él creció sintiendo que sus aficiones estaban bien, que podía brillar con ellas. Igual puede pasar en otros ámbitos.
Importante es mandar este mensaje con nuestros actos "Eres suficiente tal como eres. Tu joya es perfecta. No hace falta que la cambies por mi amor, que ya lo tienes."
¿Pueden compartir los hijos/as aficiones y otras facetas con sus familias? Sí y no. Sí la respuesta es sí surgirá relativamente fácil. Abramos la mente a la diferencia.
CONCLUSIÓN Y LLAMADA A LA ACCIÓN.
El legado que de verdad importa.
"La Joya Interior" es, en el fondo, una historia sobre el valor de ser fiel a una misma. Nos deja una doble tarea, preciosa y urgente:
Para nosotros: atrevernos a hacer el viaje de vuelta. A desenterrar nuestra propia joya, aunque dé miedo. Porque un adulto que se conoce y se quiere, es un adulto más entero, más paciente y más libre para amar.

Para los peques: usar esa claridad nueva para ser guardianes, no modeladores (en la medida que se pueda). Para crear un mundo alrededor del niño/a donde su joya única no solo quepa, sino que sea celebrada.
Una invitación (pequeña y concreta).
Esta semana, os propongo dos cosas muy sencillas:
Para ti: en un momento tranquilo, pregúntate: ¿Qué es algo que hacía de pequeño y me hacía feliz, y que por alguna razón dejé de hacer? No hace falta que lo retomes hoy. Solo reconócelo. También observa si hoy ha cambiado de forma, recuerda el ejemplo de mi pareja. Es un destello de tu joya. Valóralo y dale espacio.
Para tu acompañamiento: hoy, con una niña/o a tu lado (tu hijo, tu alumna, tu sobrino), hazle una observación específica sobre su esencia, no sobre su obediencia o su resultado. Por ejemplo: "Me encanta la concentración que pones cuando construyes", "Veo que eres muy cuidadosa con los bichitos", "Tienes una imaginación desbordante", "Menuda capacidad de memorizar lo que te llama la atención", "Cuánta atención pones cuando ves un deportivo nuevo", "Patinar te mantiene alegre"...
Los cuentos como este no son solo para escuchar. Son para vivir.
Vosotras, familias, sois las narradoras más importantes. Sois las que podéis aseguraros de que la historia de vuestros peques y la vuestra tenga un mensaje clave: "Tu joya es tu superpoder. Nunca la entregues y si lo has hecho desentiérrala y vuelve a brillar".
Con cariño.
Rus.
PD: este cuento, "La Joya Interior" de Anna Llenas, lo tenéis disponible en la biblioteca Calasanz. Igual preferís comprarlo en vuestra librería. Os animo a buscarlo, a leerlo desde esta nueva mirada y, sobre todo, a compartirlo. Juntas podemos brillar.
Mientras tanto os lo dejo por aquí.




Qué inspirador es este cuento y todo lo que nos ofreces.
Creo que es muy importante cuidar esa joya interior de la infancia que nos rodea porque como adultos es muy laborioso desenterrarla.
También me parece importante recordar que es un trabajo en el que podemos apoyarnos en otras personas a través de relaciones tanto horizontales como verticales.