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Mis cuentos favoritos. Armando.

  • Apr 19
  • 7 min read

Updated: Apr 20

Armando: cuando el balón no rueda como el mundo esperaba (y el arte de reencontrarse con una misma).


Hace unas semanas hablamos de 'Estoy contigo', ese libro que nos enseñaba que a veces lo único que necesita una persona que está triste es que alguien se siente a su lado, sin intentar arreglar nada. También recordamos 'Se vale pequeña Aisha', que nos decía que lo que para unos es insignificante, para otro puede ser una montaña.


Hoy quiero traer otro libro que, desde la sencillez y el humor, nos habla de un tipo de acompañamiento muy especial: el que respeta los gustos e intereses del otro, aunque no los compartamos. Pero también, y sobre todo, nos habla de la relación que mantenemos con nosotras mismas y con los mandatos que cargamos a la espalda.


Se trata de Armando, de Fernando Pérez Hernando.


📖 Armando, de Fernando Pérez Hernando.


El papá de Armando es un enamorado del fútbol. Es su gran pasión, y hoy le ha hecho a su hijo un regalo muy especial: su primer balón. Su sueño es compartir con él su afición, enseñarle a jugar, verle correr tras la pelota, chutar y parar como un gran futbolista.


Pero Armando no muestra el mismo entusiasmo. El balón no rueda como su padre esperaba. Armando no lleva los grandes chutes en los genes, y el intentar imitar a su padre solo le sirve para terminar en el suelo, frustrado y lleno de golpes.


Afortunadamente Armando tiene algo que mostrarnos.


Os dejo el cuento por aquí. Contado e interpretado por Pipa Mala (mi compañera Amalia de Cuentoterapia). Tiene un montón de cuentos en su canal y sus reflexiones pueden ayudar a mucha gente.



🔍 Lo que este cuento nos susurra (a los peques y a nosotras).


Este libro, que podría parecer una simple historia de un niño al que no le gusta el fútbol, es en realidad un potente espejo con dos caras. Una para mirar a nuestros hijos e hijas, y otra para mirarnos a nosotras mismas.


👶 Para las criaturas: el derecho a ser quienes son.


1. La mochila de las expectativas familiares y sociales.


Todos los padres y madres llevamos una mochila invisible llena de “deberías” que nos cargaron los nuestros: “A un niño le debería gustar el fútbol”, “Una niña debería ser dulce”, “Deberías estudiar una carrera”, “Deberías ser más agradecido”… Sin querer, volvemos a cargar esa mochila sobre las espaldas de nuestros peques.


El papá de Armando no es malo, ni mucho menos. Simplemente ama el fútbol y proyecta ese amor en su hijo. Es algo muy humano. Pero el cuento nos invita a detenernos y preguntarnos: ¿estamos viendo a nuestro hijo tal como es, o estamos viendo el reflejo de lo que queremos que sea?


2. Cuando el “te ayudo” se convierte en “te invado”.


Aquí conectamos con lo que hablamos en 'Estoy contigo' sobre los consejos no pedidos. El papá de Armando intenta enseñarle a jugar al fútbol de la manera “correcta”. Pero esa ayuda, tan bienintencionada, se convierte en una invasión porque no tiene en cuenta los deseos de Armando.


¿Cuántas veces hacemos lo mismo con los peques? Les vemos frustrados porque no logran atarse los cordones a nuestra manera, y les quitamos el zapato para hacerlo nosotros. Les vemos tristes y les decimos “no llores” en lugar de dejar que lloren. Las llevamos a música cuando ellas quieren ir a baloncesto. Pequeñas invasiones diarias que si se van sumando les mandan el mensaje de que su manera de hacer no vale.


3. La validación: el mejor regalo.


Lo más bonito del cuento es el final, cuando Armando, lejos de rendirse, encuentra su propia manera de jugar. Y nosotras, como adultas que acompañamos, tenemos una misión: ser ese espejo que le devuelva la confianza en sí mismo. Decirle: “Vale, pues enséñame cómo se juega a eso”.


Validar sus gustos, por muy diferentes a los nuestros que sean. Celebrar su forma única de hacer las cosas. Ese es el mejor regalo que podemos hacerle a su autoestima y una práctica de asertividad para su vida.



👩🦱 Para las adultas: el Armando que llevamos dentro.


Pero, seamos honestas. Este cuento no va solo de peques. Va de nosotras, las personas adultas. Porque cada una lleva dentro un Armando al que en algún momento de su vida le dijeron que la forma en la que jugaba no era la correcta.


1. Los introyectos: la voz de "lo que debería ser".


En psicología llamamos introyectos a esas creencias que absorbemos del entorno (familia, escuela, sociedad, publicidad) sin cuestionarlas, y que acaban funcionando como un piloto automático dentro de nosotras. Frases como:


-"Tienes que ser fuerte, no puedes llorar."

-"Una mujer debe ser ordenada y sacrificada."

-"Lo importante es tener un trabajo estable, aunque no te guste."

-"A tu edad ya deberías tener casa propia."


Estas voces, a menudo, ni siquiera las reconocemos como algo externo. Las sentimos como nuestras. Y nos gobiernan. Nos empujan a perseguir metas que no son las nuestras, a callar partes de nosotras que no encajan, a vivir una vida que no hemos elegido realmente.


2. El coste de alejarse de la esencia.


Como Armando, muchas veces hemos intentado jugar al fútbol con el pie cuando lo nuestro era rodar la pelota con la cabeza, o hacer malabares, o simplemente sentarnos en ella y mirar las nubes. Y el coste ha sido alto: ansiedad, apatía, sensación de fracaso, de no ser suficiente, de estar siempre "desajustadas".


El cuento nos pregunta: ¿en qué áreas de tu vida estás siendo el papá de Armando contigo misma? ¿En qué aspectos te exiges que seas de una manera que no te sale natural?


3. La realidad social: no todo es ideal.


Aquí viene un matiz importante. No vivimos en una burbuja. Tenemos facturas que pagar, una familia que cuidar, un entorno que no siempre entiende. No podemos, de la noche a la mañana, dejar el trabajo que nos da de comer para dedicarnos a la pintura. La libertad absoluta no existe.


Pero el cuento nos susurra que podemos tener pequeños gestos de autenticidad. Pequeños espacios donde permitirnos ser como realmente somos. Una afición que nos apasiona aunque no sea productiva. Decir "no" a un compromiso que nos desgasta. Permitirnos estar tristes sin juzgarnos. Vestir como nos gusta, no como "deberíamos". Yo diría que esto es algo grande.


Esos pequeños grandes actos de rebeldía son nuestra manera de decir: "Yo también encuentro mi forma de jugar con el balón".


4. El reencuentro con una misma.


Lo más hermoso del cuento es que Armando sigue inventando formas de mantener su esencia. Y nosotras podemos hacer lo mismo. Puede ser un camino largo, y a menudo necesitamos ayuda (terapia, grupos, lecturas, acompañamiento). Pero cada paso hacia nosotras mismas es un paso hacia una vida más plena.


Y que estoy comento que si te identificas con el papá del cuento y quieres acercarte a tu Armando, igual también es necesario un camino de revisión y amor propio. Seguramente tu mochila pesa.


🌱 Un poco de mi propio Armando: una historia de más de diez años.


Antes de terminar, quiero compartir algo personal.


Cuando empecé con esto de la Cuentoterapia, hubo personas en mi entorno que me dijeron, con la mejor intención (o quizás no), que esto no me iba a ayudar más que a mí misma. Que estaba muy bien para crecer personalmente, pero que no esperara mucho más. Que era bonito, sí, pero que no iba a ninguna parte. Yo pensaba, si me ayuda aunque sea solo a mí y a la gente que va a formarse, a alguna parte irá.


Y durante un tiempo, casi les creí.


Porque los introyectos de los que hablamos antes no solo vienen de la familia o de la sociedad. También vienen de las personas cercanas. De esos "no te va a servir", "eso no da de comer", "a ver hasta cuándo te dura". Y duelen más, porque vienen de quien menos esperas.


Pero seguí. Porque algo dentro de mí me decía que sí, que esto era mi forma de jugar con el balón. Y no fue un camino fácil. Han sido más de diez años trabajando en mí, formándome, leyendo, cayéndome, levantándome, dudando, volviendo a empezar. Diez años de terapia personal, de cursos, de ilusión y también de desánimo.


Y hoy, puedo decir que sí. La Cuentoterapia me ayuda personalmente. Pero también yo con esta herramienta puedo ayudar a muchas otras personas. Cada vez me llaman de más bibliotecas. Cada vez llego a más familias. Cada vez recibo más mensajes de madres y padres diciéndome "este cuento me ha cambiado la forma de mirar a mi hija" o "gracias, no sabes lo que necesitaba escuchar esto".


Y soy feliz.


No porque haya llegado a algún sitio. Sino porque estoy haciendo lo que me nace. Porque he dejado de intentar jugar al fútbol con el pie y he aprendido a rodar la pelota con la cabeza, a hacer malabares, a sentarme en ella y mirar las nubes.


Así que si tú también estás en ese camino, si alguien te ha dicho que lo tuyo no vale, que te dediques a otra cosa, que eso no va a ningún sitio... no les hagas caso. O hazles caso, pero para demostrarles que se equivocan. Como Armando. Como yo. Como tantas personas que encuentran día a día su forma de jugar.


🧠 Para las familias (y para la vida).


Armando nos invita a una doble reflexión:


1. Como madres y padres: ¿Estamos viendo a nuestros peques tal como son, o estamos viendo el reflejo de lo que queremos que sean? ¿Podemos soltar el guión y disfrutar del suyo? Todo con matices recordemos. (Me estoy acordando de mis amigas que tienen claro que sus peques han de ir a inglés jjjjj).


2. Como personas adultas: ¿Qué introyectos nos gobiernan? ¿De quién es esa voz que nos dice lo que "deberíamos" ser? ¿Podemos, como Armando, encontrar nuestra propia manera de jugar, aunque parte de la sociedad diga que no es correcta?



💫 Confía en la magia de los cuentos.


Armando es un libro ideal para leer en familia a partir de los 3 años. Después de leerlo, podéis hacer preguntas a los peques:


- ¿Alguna vez te has sentido como Armando, que no querías hacer algo que los mayores esperaban de ti?


- ¿Qué te gusta hacer a ti que igual a nosotros no se nos ocurre?


Y también puedes hacerte las preguntas a ti misma, en el silencio de la noche, después de que los peques se hayan dormido:


-¿En qué parte de mi vida soy yo Armando?


-¿En qué parte soy el papá que intenta enderezarme?


- ¿Qué pequeño gesto puedo hacer mañana para acercarme un poquito más a mi esencia?



Os invito a leerlo esta noche. Con voz tranquila, sin prisas. Y luego, confiad en que el cuento hará su magia, ayudando a construir en la casa interna de los más pequeños el derecho a ser quienes son, y recordándonos a las grandes que nunca es tarde para reencontrarnos con nosotras mismas.


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Con cariño.


Rus. ⭐

 
 
 

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