
Mis cuentos favoritos. Siempre te querré.
Hoy traigo un cuento precioso que me ha recomendado Miriam, una persona que viene con su hijo Gael a la Bebeteca. ¡Muchas gracias, Miriam! 💛
Se llama 'Siempre te querré', de la escritora e ilustradora escocesa Debi Gliori. Es un libro con unos personajes muy tiernos (un papá zorro y su cachorro). Solo con las ilustraciones se me encoge el corazón.
El tema principal es la rabieta y el amor incondicional, pero también aparece algo que muchas familias me consultáis: el miedo a que mamá o papá mueran. No es el centro de la historia, pero está ahí, y para algunos peques puede ser importante encontrarlo.
💫Lo que este cuento nos susurra.
🧸 El enfado esconde algo más.
Cuando un peque explota, debajo puede haber otra emoción más vulnerable: tristeza, miedo, cansancio. El zorrito Colín se enfada, rompe cosas… y luego se siente triste. Al nombrar la tristeza, la rabieta se va deshaciendo.
🌱 Las preguntas que piden certeza.
Colín pregunta una y otra vez: "¿Me querrías si…?". No es un capricho. Es su forma de comprobar que el suelo es firme. Y su mamá siempre responde con la misma promesa. Eso es pegamento emocional.
👣 Amor incondicional no es "vale todo".
Querer pase lo que pase no significa no poner límites. Los peques necesitan normas para sentirse seguros. Primero el abrazo ("te entiendo"), luego el límite ("esto no se hace").
🕯️ Un temor que también aparece.
En un momento, Colín pregunta: "¿Y si me convierto en un oso y me como todo?" Y su mamá responde: "Pues te querría igual". Pero hay otra pregunta profunda que sobrevuela el cuento: el miedo a perder a mamá/papá. Para los peques que sienten esa angustia, este libro deja claro que el amor no desaparece.
❤️Para las familias.
👧 En los días de tormenta.
Cuando la rabieta se alarga y nuestra paciencia se agota, lo más valioso que podemos hacer es conectar con la emoción antes de corregir la conducta. Y si no podemos porque estamos al límite… también vale pedir un respiro. No pasa nada.
Un ejemplo que me pasó hace poco.
Hace unos días, un peque en clase
golpeó una pancarta de cartón porque no pudo controlarlo. Mi primera reacción fue reñirle: me había costado mucho trabajo elaborarla y no quería que se rompiera. Pero él se quedó con una cara bastante triste. Se sintió defectuoso, como si él estuviera mal. Tuve que pedirle disculpas por mi brusquedad y reparar el vínculo. Con mi hijo también me ha pasado. Y duele, pero a veces es inevitable. Podemos reparar (somos humanos, te quiero y entiendo que no has podido controlarte, yo tampoco esta vez).
👩 Para nosotras, también hay rabietas adultas.
Porque a veces quien se derrumba en el sofá al final del día es una mamá. Y esa mamá también necesita escucharse: "Estoy enfadada, triste, agotada, culpable". Y poder decirse, igual que el cuento a los niños: "Sé que lo estás pasando mal, te quiero igual".
📦 Un apunte práctico.
Si tu peque tiene entre 1 y 3 años, busca la edición de cartón. Es más resistente para manitas que aún aprenden a pasar páginas.
🧠 Un pequeño apunte sobre lo que pasa en su cerebro.
Para las familias que a veces sienten que están ante una tormenta imposible: no es que tu peque"se porte mal" a propósito. Entre los 2 y los 7 años, su cerebro está en plena obra. La corteza prefrontal —la parte encargada de la lógica, el autocontrol y la paciencia— aún está en construcción y no terminará de madurar hasta bien entrada la veintena. Mientras tanto, la amígdala, que es su centro de alarma emocional, funciona a pleno rendimiento. Ante una pequeña frustración (que el plátano se parta o que no toque ver la tablet), esta alarma interpreta la situación como una amenaza real y desata una auténtica tormenta de cortisol y adrenalina en su cuerpecito. Su cerebro se "desconecta" del razonamiento y se bloquea.
Por eso, durante una rabieta es imposible "razonar" con ellos: su cerebro pensante está offline. Nuestra labor no es la de apagar el fuego regañando (eso solo activaría más su amígdala), sino la de convertirnos en su "corteza prefrontal de alquiler". Las criaturas aprenden a regularse a través de la co-regulación; es decir, al recibir nuestra calma. Por eso funciona tanto nuestro abrazo tranquilo, nuestra voz baja y acercarnos a su altura. Al nombrar su emoción, como hace la mamá zorra en el cuento, estamos ayudando a que su cerebro empiece a reconectar la alarma emocional con el autocontrol, creando así los cimientos de su inteligencia emocional para el futuro. Si queréis ampliar está información podéis leer 'El cerebro del niño' de los neuropsiquiatras Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson.
💫Confía en la magia de los cuentos.
Siempre te querré está en la biblioteca Calasanz. Podéis contarlo o verlo en casa. Dejad que la promesa de la mamá zorra calme algo en vuestro interior. A veces, el mejor mensaje es: "Pase lo que pase, aquí estoy. Y te quiero".
📚Enlaces a otras entradas del blog.
🧐Pregunta para compartir.
¿Conocíais este cuento? ¿Lo usáis en casa en días de rabietas? ¿Y vosotras, adultas, también necesitáis escuchar de vez en cuando "te quiero igual, pase lo que pase"? Os leo en comentarios. 💛
Gracias otra vez a Miriam por la recomendación.
Con cariño.
Rus.
Qué cuento tan bonito y qué necesario que nos llegue ese amor incondicional sí. También qué oportunidad tenemos cuando somos adultas para querernos como las personas más importantes de nuestra vida.